domingo, 3 de mayo de 2015

Vamos, corre!

La lluvia caía suavemente sobre su rostro, sabia que si no se apresuraba no lo dejarían entrar,
-Vamos muchacho rápido, rápido!
El caballo se desplazaba a toda velocidad entre el fango, quien pensaba que en el tiempo que vivían tendría que viajar en caballo. 9:45, solo en 15 minutos cerrarían las compuertas.
-Vamos deprisa...- sentía el filo entre su ropa abrirle la carne con cada metro que avanzaba el caballo. -Mantente cociente, contemos, 1...2...3..., soy Mist... Mist... ¿cual era mi apellido?- 10 minutos, podía divisar las enormes compuertas, compuertas que a esa distancia se veían pequeñas,
-Solo unos metros más, trabajo para el imperio... ¿qué imperio era? debo entregarle la carta al emperador... ¿o era la emperatriz?
Las puertas habían comenzado a cerrarse, un rostro familiar le hacia señas, podía ver en su rostro una expresión de ¡Deprisa!, su sangre había marcado el camino desde la emboscada.
-Mist! muévete más rápido! ¿Quién era ella? - El caballo entro velozmente por el espacio entre las compuertas y con un violento capriole derribó al joven jinete.
-1...2...3... ¿Qué más seguía?
-Rápido llamen a un medico - la muchacha grito desesperada - Mantente conmigo Mist...- la obscuridad se hizo presente.

El rastro de sangre era visible desde donde se encontraba, el golpe no había sido fatal... le falló a su maestro y por su falta debía pagar caro. Ahora lluvia azotaba con fuerza el suelo, las compuertas se habían cerrado, debía hacer algo para terminar su misión, de todas formas, el maestro le había encargado hacerlo y no le había dado un plazo limite... tenia tiempo, o eso creía, un vació legal de donde aprovecharse.
El radio sonó con una fuerte estática: -Hey Val, ¿Estas bien? ¿Terminaste la misión?
-Estoy en eso...- y apagó el radio. Era obvio que esa noche no podría terminar la misión, debía encontrar un refugio, los merodeadores saldrían en cuanto se apague el ultimo foco de la torre, se subió a su moto y se dirigió al páramo, los viajeros dicen que ahí los merodeadores no tienen donde esconderse.